Trump mira a Rabat

Marruecos se ha convertido en el principal aliado de EE. UU. e Israel en el norte de África
Trump amenaza con llevarse los efectivos americanos de Rota y Morón a Marruecos, en sintonía con el senador republicano Lindsey Graham, que rechaza «tener bases en un país que no nos deja utilizarlas». Michael Rubin, ex alto cargo del Pentágono, va más allá e insta al presidente y a Marco Rubio a «reconocer Ceuta y Melilla como territorio marroquí ocupado». Eso no va a suceder, pero en el marco de las relaciones internacionales, Trump se siente más cómodo con Marruecos que con la España de Sánchez. Nada nuevo, pues Estados Unidos siempre ha primado su relación con Rabat.

Base naval de Rota
Base naval de Rota

Documentos desclasificados por la Administración norteamericana revelaron cómo Vernon Walters, diplomático y ex vicedirector de la CIA, mantenía buenas relaciones con España, pero aún mejores con el rey Hassan II, a quien apoyó en la Marcha Verde y en el proceso que siguió para entregar el Sahara a Marruecos. José Manuel Otero Novas, exministro de Suárez, recordó con motivo del 40 aniversario de la incorporación de España a la OTAN que «EE. UU. nos dejó por aquel entonces un claro mensaje: o entran ustedes en la OTAN o les independizamos las Canarias», acercándolas a Marruecos.

Más recientemente, el exministro Federico Trillo ha relatado el papel que jugó el Pentágono en la crisis de Perejil, asegurando que la noche en la que el ejército español preparaba la operación de desalojo, EE. UU. avisó al rey de Marruecos de la operación, ofreciendo una negociación que pasaba por «dar a Marruecos las Chafarinas y el Peñón de Vélez de la Gomera».

Washington siempre ha considerado a Rabat un socio fiable, por mucho que no esté en la OTAN, habiendo intensificado su inversión en cooperación militar en el país vecino desde la normalización de relaciones, por ser su principal asociado en el norte de África. Está modernizando sus Fuerzas Armadas con tecnología avanzada de drones, sistemas de defensa antiaérea y guerra electrónica, amén de un diseño a medida del «muro» del Sáhara. Y ha promovido la cooperación del régimen alauí con Israel, tercer proveedor militar de Rabat tras EE. UU. y Francia.

Empresas israelíes colaboran en la producción de drones de ataque y reconocimiento en Casablanca, suministran sistemas de defensa aérea, tecnología de vigilancia, equipos de inteligencia y contramedidas electrónicas, que representan más del 51 por ciento de las importaciones de misiles defensivos, además de la adquisición de equipos satelitales espía israelíes. Estados Unidos es el principal proveedor militar de Marruecos, con ventas que superan los 8.500 millones de dólares, e incluyen lanzacohetes HIMARS, misiles tierra-tierra de medio alcance, aviones F-16 y helicópteros Apache.

También promueve el ejercicio militar «African Lion», el mayor en el continente, integrando tropas estadounidenses, marroquíes e israelíes. Aunque tal vez lo más importante sea el «Eje del Muro», combinación de tecnologías de diseño israelí-norteamericano para levantar una muralla inteligente que garantice el control fronterizo y la detección de amenazas en el Sáhara. La izquierda española aplaudiría que Trump se llevara al vecino país las bases de Rota y Morón. Eso no va a ocurrir, porque tener militarmente controlada la península es fundamental para Washington.

Lo que sí hay que saber es que Rabat ha pasado a ser el socio preferente de americanos e israelíes en el flanco sur, y que en caso de desavenencias apoyarán antes a Rabat que a Madrid. La CIA y el Mossad saben bastante de esto.

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