Tormenta mundial de deuda
Los mejores años de la recaudación, gracias a una escalada inflacionaria durante la cual no se deflactó el IRPF, han servido para ingresar y gastar más, pero no para reducirla
La deuda de las economías occidentales no para de crecer y su burbuja asusta. La renta fija USA se dispara provocando réplicas en Grecia, Italia, Francia y España. El bono alemán supera el 3,5%, nivel insólito en la primera economía del euro. El español rebasa el 4%, avisando Funcas que el Estado cada vez va a tener que dedicar más recursos a pagar los intereses de la deuda. Tal es la herencia de Sánchez. Los mejores años de la recaudación, gracias a una escalada inflacionaria durante la cual no se deflactó el IRPF, han servido para ingresar y gastar más, pero no para reducir deuda. Solo que la crisis de endeudamiento no afecta solo España: sobrevuela a casi todas las economías en Occidente. El temor es que la caída de una de las fichas del dominó empuje a las demás. El tablero no ayuda. La crisis de Ormuz se enquista y el petróleo sube. Los hutíes toman en control del estrecho de Bab el-Manded, agudizando la dificultades para el transporte de crudo. Los ataques de Zelensky a las refinerías rusas ponen en diésel al borde de la escasez, mientras que el precio del gas sigue creciendo por Rusia y Qatar. El invierno viene feo y frío, con tambores de guerra, la derecha populista subiendo y la herida de Ceuta abierta en España. No hay que agobiarse, pero la situación preocupa. Von der Leyen quiere movilizar el ahorro privado. Quizás por eso los países nórdicos acaparan alimentos ante la perspectiva de un invierno frío sin diésel, inflación disparada, la deuda descontrolada y riesgo de apagones.