Sánchez engorda a Vox
El pretendido cordón sanitario solo sirve para dar votos a Abascal

El mejor aliado electoral de Vox es Sánchez. De tanto hablar de ultraderecha, de los peligros del fascismo y la fachosfera, el habitante de la Moncloa se ha convertido en pasto encendido para Abascal, que crece casi sin hacer nada sobre las cenizas de un socialismo que pierde casi tanto como gana el verderón.
En Badajoz capital, los antiglobalistas han logrado el 20 por ciento de los votos, frente al 16 del PSOE. Si esto ha pasado en Extremadura, bastión tradicional de Ferraz, qué no puede ocurrir en zonas donde los abascales son fuertes desde hace tiempo, como Murcia o Almería.
Hay que constatar que la subida de Vox no se está produciendo a costa del PP. Cierto que si todo lo que crecen los verdes fuese a parar a los azules, los de Génova se salían del mapa. Pero Vox tiene su propia cosecha, agarrando votos allí donde Feijóo tendría difícil obtenerlos, en barrios tradicionalmente obreros, en los cinturones rojos de la izquierda más radical, en el mundo rural abandonado. Abascal llega ahí con facilidad, con un mensaje anti-Sánchez, pero también por representar la única opción que enarbola banderas que sólo ellos se atreven a levantar.
Ellos, y la coalición de Silvia Orriols en Cataluña, que hablan de inseguridad donde la inmigración ha transformado la fisonomía de muchos barrios. Un problema que existe de verdad, por mucho que Sánchez y la izquierda digan lo contrario. A veces se trata de un choque cultural para el que la sociedad no está preparada. Pensar qué por no hablar de ello, el problema se elimina, da como resultado lo de ayer en Extremadura y también lo que viene ocurriendo en Europa desde hace años, que a España llega con retraso.
Con retraso y porque aquí los antiglobalistas no tienen un cartel electoral como el de Meloni en Italia o Trump en Estados Unidos. Y aun así crecen. En Extremadura, el castigo a Sánchez es igual al apego a Vox, y viene en gran medida de un sector rural que no entiende las políticas europeas que les roban su forma de vida. En Holanda, el partido de los agricultores, la BBB, llegó a ser la fuerza más votada en municipales. El otro día, coincidiendo con el Consejo Europeo convocado para ayudar a Ucrania, más de diez mil representantes del campo tomaron las calles de Bruselas para pedir nada menos que «la abolición de la Unión Europea» y la inhabilitación de Von der Leyen y su equipo de comisarios. Es lo que tiene legislar sin contar con el parecer de los sectores afectados. Llega un momento en que la protesta toma la calle y, lo que es peor para ellos, tiene reflejo en las urnas.
La Eurocracia de Bruselas, sustentada por gobiernos de perdedores como Sánchez y Macron, es en gran medida responsable del crecimiento de partidos como Vox. Los cordones sanitarios sólo han servido para hacer más grande a Le Pen en Francia y a la AfD en Alemania. El día en que éstos ganen en sus países, y eso no tardará, la UE no se disolverá, pero necesariamente habrá de funcionar de otra manera.
El antiglobalismo de Vox crece a lomos de la paliza a Sánchez en su feudo extremeño. Y ha llegado para quedarse.