Pulso a Trump en la OTAN

Sánchez se ha puesto gallito sin contar con un Ormuz como Irán

Pedro Sánchez y Donald Trump
Pedro Sánchez y Donald Trump

Se rasgan las vestiduras los eurócratas por la posición dura de Trump con la OTAN, cuando lo único que dice es que «ustedes se tienen que pagar su Defensa», lo que equivale a invertir por encima del 3 por ciento en industria militar. Europa ha vivido del cuento pensando que, ante una eventualidad bélica, vendría a socorrernos el amigo americano. Hasta que ha llegado Trump diciendo: «O pagan o no les vamos a socorrer». Algo que ha empezado a hacer en Alemania con la retirada de 5.000 soldados. No es descartable que pueda suceder en España con Rota y Morón.

Sánchez se ha puesto gallito con el presidente USA, lo que le genera el aplauso general de la izquierda global. Solo que el de la Casa Blanca es de los que las guarda y ha empezado a responder. Las desinversiones USA en España han crecido hasta el 533 por ciento. Todo parece indicar que eso no es más que el principio.

Conviene tener claro que quien manda en la OTAN es el Pentágono. Los demás somos comparsa. Washington decide y nosotros hacemos lo que se acuerda al otro lado del Atlántico, con Londres de aliado. De modo que España tiene poco o nada que hacer salvo decir «sí». Podemos decir «no», pero es jugar con fuego. No supimos imponer nuestras condiciones en el momento de la adhesión, y Ceuta y Melilla no están protegidas por el paraguas de la Alianza. Si tenemos en cuenta la relación de estrecha amistad que une a Marruecos con USA, habría que preguntarse si defendería la OTAN a España en caso de agresión marroquí. La respuesta es «no». Y menos con un Sánchez crecidito que juega a hablarle de tú a Trump. De tú le pueden hablar China o Rusia. También lo ha hecho Irán, amparándose en el poder que supone tener el Estrecho de Ormuz como baza militar. Pero ni si quiera lo puede hacer Europa. Los líderes europeos quieren echarle un pulso a Trump sin darse cuenta de que no tienen cartas. No hay poder sin disuasión militar, y Europa sin EE. UU. carece de cohetes balísticos u ojivas nucleares.

Tal vez por eso De Gaulle sostuvo siempre que Europa no debía depender de Washington, motivo por el que retiró a su país de la estructura militar de la OTAN, clausuró las bases americanas​ y convirtió a Francia en potencia nuclear, promoviendo el contrapeso europeo frente al mundo angloamericano. El expresidente galo vetó dos veces la entrada del Reino Unido en la CE, por entender que Londres era un peón al servicio de Washington, y que el anglopower sólo aspiraba a controlar Europa.

De Gaulle no era antiamericano, pero reivindicaba el respeto de EE. UU. y el Reino Unido a Europa, lo que no se podía lograr desde la sumisión, sino desde la independencia. Eso implicaba construir 56 centrales nucleares y disponer de 290 ojivas atómicas.

Capacidad de disuadir no es incrementar el gasto en cañones y tanques, como proponen Merz y Macron. Putin no invadirá Europa por tierra, como dice la propaganda atlantista, pero nos puede enviar misiles hipersónicos con carga nuclear, que impactarían en cualquier punto en minutos. Y ante eso, el único que nos puede cubrir es Trump. Por muy gallito que se ponga Sánchez, sin tener un Ormuz, como Irán.

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