Paz para Ucrania
Trump prefiere el acuerdo antes que una nueva derrota militar

Donald Trump, en su papel de pacificador mundial, está empeñado en acabar con la guerra en Ucrania «para impedir que cada mes mueran 25 mil personas». También en evitar una nueva derrota militar de los Estados Unidos tras el fiasco sufrido en Afganistán. Allí perdió Joe Biden, y no está dispuesto el del pelo amarillo a que una derrota ucraniana sea una derrota personal suya, mientras que el acuerdo de paz es claramente su victoria. Por eso rusos y americanos pactaron un primer plan de 28 puntos, que el presidente ucraniano ha reducido a 20, basados en la congelación de la línea actual del frente. Los dos mayores desacuerdos son el Donbás y el control de la central nuclear de Zaporiyia. Moscú exige la retirada de las tropas ucranianas del Donbás y un compromiso legalmente vinculante de Ucrania a renunciar a la OTAN. Asuntos no incluidos en el plan Zelensky. Ucrania aceptó inicialmente la propuesta americana de crear una zona desmilitarizada en el Donbás, o Zona de Economía Libre, que implicaría que tanto tropas ucranianas como rusas se retiran de la línea actual y una misión internacional supervisa el cumplimiento de los acuerdos, similar a la frontera entre las dos Coreas. La propuesta cuenta con el apoyo de Francia, Alemania e Inglaterra. Zelensky afirmó después, y lo ha vuelto a decir tras su reunión con Trump, que no tiene derecho legal ni moral a ceder territorio. Sostiene que cualquier decisión debe ser validada por el pueblo ucraniano en elecciones o en un referéndum.
La cuestión es que los rusos han logrado ya en el Donbás el control total del área urbana Mirnograd-Pokrovsk, donde la defensa ucraniana se ha debilitado considerablemente, cediendo Severodonetsk, dejando Krasny Liman bajo amenaza de semicerco, y reduciendo a tan solo 16 kilómetros la distancia a Slaviansk, la única gran ciudad que, junto con Kramators, le queda a Moscú por retener. También ha caído el importante mega enclave urbano Guliaypole, la segunda ciudad más poblada de la provincia de Zaporiyia.
El vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, reconoce que la cuestión territorial es el principal obstáculo para la paz en estos momentos. Dice Vance que la provincia de Donetsk «probablemente se perderá, no ahora, sino con el tiempo», pero que ese factor «está frenando el proceso». Vance enumera otros asuntos: el control de la central de Zaporiya, la situación de los rusos étnicos en Ucrania y de los ucranianos en Rusia, amén de la reconstrucción del país.
No se menciona, pero inmerso en el fondo de la negociación está el escándalo de corrupción que afecta directamente al ex socio de Zelensky, el empresario Timur Mindich, y a su lugarteniente y jefe de oficina, Andrei Yermak, el primero huido y el segundo dimitido por sobornos, cobro de comisiones y malversación de cientos de millones de las ayudas americana y europea.
Hasta el hijo del expresidente norteamericano Joe Biden, Hunter, que trabajó para la empresa gasista y petrolera Burisma con Zelensky, ha dicho que «el nivel de corrupción es realmente increíble en Ucrania». Por eso ahora la posición del presidente ucraniano ante Donald Trump es de extrema debilidad. Y ahí también puede estar parte de la explicación de su cambio de talante con relación a la anterior reunión en La Casa Blanca.