Los protocolos los hizo Montero

A estos protocolos les llamó la vicepresidenta primera de Sánchez «de la vergüenza», sin caer en la cuenta de que habían sido hechos por su equipo

María Jesús Montero
María Jesús Montero

El presidente de la Junta de Andalucía ha hecho bien al remover del cargo a la consejera de Salud tras las disfunciones detectadas en los cribados de cáncer de mama de esa comunidad. No porque Rocío Hernández fuese responsable directa de lo ocurrido, que en absoluto lo era, sino en razón de que la responsabilidad política es en primera instancia suya, y cuando se produce una alarma resulta aconsejable que dimitan los responsables. Algo que debió ocurrir en Valencia con Mazón por la Dana, pero que no sucedió, aunque sí en el caso de Noelia Núñez tras adulterar el contenido de su currículo académico.

En el Partido Popular al menos alguien dimite, cosa que en las filas de Pedro Sánchez no sucede, si no nos remontamos a los tiempos legendarios de Máximo Huertas y Carmen Montón. Ni dimitió nadie por el fiasco de las pulseras ni por la ley suelta violadores del «sólo sí es sí», ni menos aún por la corrupción galopante descubierta por la UCO en el PSOE y el Gobierno.

Dicho lo cual, la salida de la consejera no va a acabar con la ofensiva del socialismo contra Moreno Bonilla, a quien ahora responsabilizan directamente las huestes de Marisú de lo ocurrido. La realidad es que parte de la culpa del problema de los cribados de mama se debe a la aplicación de unos protocolos que se pusieron en marcha cuando María Jesús Montero dirigía la Sanidad andaluza. Y tenían sentido: si el resultado de un «screening» no es concluyente, y hay dudas más que razonables, no se comunica a la afectada hasta practicar una prueba complementaria. La tecnología también resulta vulnerable y en caso de duda conviene una segunda prueba que pueda ser más aclaratoria. A estos protocolos les llamó la vicepresidenta primera de Sánchez «de la vergüenza», sin caer en la cuenta de que habían sido hechos por su equipo.

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