Los biolaboratorios USA de ántrax y ébola no eran «una inventada»
El Gobierno estadounidense mantuvo durante años programas de financiación destinados a más de 120 laboratorios biológicos militares
Buena se ha organizado tras revelar la jefa de la inteligencia norteamericana, Tulsi Gabbard, que el Gobierno estadounidense mantuvo durante años programas de financiación destinados a más de 120 laboratorios biológicos militares distribuidos en 30 países, donde se desarrollan investigaciones sobre ántrax, brucelosis, cólera, ébola, gripe aviar, peste y tularemia, potenciales armas biológicas por su extrema infectividad. Al menos 12 de estos laboratorios llevaban a cabo investigación humana, y en algunos se practicaba la “gain of function” (ganancia de función), técnica que modifica virus animales para aumentar su virulencia y estudiar sus efectos en las personas.
Varios de esos laboratorios están en Ucrania, como admitió bajo juramento en el Congreso en 2022 la entonces subsecretaria de Estado de la administración demócrata de Biden, Victoria Nuland, aunque negó que tales instalaciones se dediquen a fabricar armas biológicas. Aquella afirmación pasó desapercibida, pero no ahora la revelación oficial de Gabbard, que tumba el relato oficial de que era “una inventada” que Estados Unidos experimentara con armamento bacteriológico. La legislación USA prohíbe tal practica fronteras adentro, pero no así en países lejanos como Ucrania, Georgia, Azerbaiyán, Uzbekistán y otros del espacio postsoviético, bajo apariencia de instalaciones científicas de alto nivel.
Gabbard acusa a políticos demócratas y al doctor Fauci de mentir al negar financiación a tales proyectos por parte del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, el Ejército norteamericano, la OMS, varias universidades USA y empresas como Metabiota, vinculada al fondo de inversión de Hunter Biden para Ucrania.
Estas revelaciones tumban las versiones de la anterior Administración norteamericana, según las cuales todo lo concerniente a estos biolaboratorios era “desinformación rusa”. La realidad no reconocida por nadie es que las principales potencias, China y Rusia incluidas, experimentan con este tipo de armamento terminantemente prohibido por el Protocolo de Ginebra y la Convención sobre Armas Biológicas.