La respuesta está en el mix

La solución no es depender en exclusiva de ninguna fuente de energía, sino de todas a la vez

Tras la crisis petrolera de los 70, algunos expertos dijeron que se hacía imprescindible caminar hacia una economía menos dependiente del oro negro, para evitar así el brutal colapso de los mercados que se produjo en aquel entonces. La realidad es que han ido pasando los años y, aunque sin la mono-dependencia de entonces, el mundo sigue vinculado a la producción de crudo de manera bien visible, pese a los esfuerzos globales por descarbonizar las economías para combatir el efecto invernadero. Tanto es así, que solo el cierre del Estrecho de Ormuz ha generado una crisis global más que preocupante, al privarse al mercado de dos mil millones de barriles, el cinco por ciento de la oferta mundial. EE. UU. se ha visto obligado a aumentar drásticamente la liberación de sus reservas estratégicas, igual que otros productores, situando al planeta en una situación de mínimos con relación a el petróleo almacenado. La guerra de Irán ha provocado, además, una de las peores trampas inflacionarias que se recuerdan.

La crisis de Ormuz ha vuelto a plantear la necesidad de generar alternativas sólidas a los combustibles fósiles. Cierto que las economías son hoy menos dependientes del crudo que en los 70, pero aún es posible colapsar los mercados con el mero hecho de bloquear un paso marítimo estratégico. Algunos apuestan sin más por hacer a las bravas una transición plena hacia las energías renovables, lo que así planteado, tampoco es solución. Vivimos un momento en el que es cierto que ni el gas ni el petróleo ni el carbón garantizan un suministro continuado. Pero tampoco las renovables

Vivimos hace nada los problemas derivados de la guerra de Ucrania con relación al gas natural. Aunque España tiene unas reservas potentes de gas, la crisis también nos afectó en materia de precios, pues la interdependencia global no deja a nadie exento de verse afectado por el problema. Con el petróleo ha pasado otro tanto de lo mismo, si no peor. Las existencias mundiales siguen a la baja pese al paréntesis que en la producción global de crudo supuso la irrupción del fracking. El bloqueo a la producción rusa y la disminución de la extracción decretada por la OPEP no auguran buenas perspectivas. Y el

carbón está proscrito. Buena parte de las centrales térmicas fueron dinamitadas y no se puede contar con su uso más que como complemento en caso de extrema necesidad. Las renovables, planteadas como solución limpia y duradera, tienen su talón de Aquiles en que la producción fotovoltáica y termosolar baja en invierno y en las dificultades de almacenamiento, que no han sido superadas, aunque sí han mejorado gracias a las baterías de litio. En invierno casi es más efectiva la eólica, en la medida en que hay más viento, y por supuesto la biomasa.

La tendencia ahora en el mundo, con excepción de España, es volver a contar con la energía nuclear, fundamental para un mix energético estable. Se trata de hacer centrales de última generación que minimizan riesgos y aprovechan residuos, sobre todo Pequeños Reactores Modulares (SMRs). La IA y los centros de datos necesitan mucha electricidad para funcionar, y por eso las grandes firmas tecnológicas acuden a la nuclear, dado que las renovables son insuficientes. La demanda de la IA supera la capacidad de la eólica y solar. Google fue pionera al firmar un acuerdo con Kairos Power para desarrollar su primer reactor en 2030. Amazon impulsa desarrollos con Dominion Energy, Energy Northwest y X-energy. Microsoft y Oracle también exploran opciones nucleares. Los SMRs están llamados convertirse en la principal fuente de energía sostenible para servicios en la nube y IA, dado que son fuentes libres de carbono.

John Kerry, responsable de los planes nucleares en USA, sostiene que el mundo no podrá alcanzar el nivel Net Zero sin aumentar la capacidad nuclear. Las renovables, muy útiles, son insuficientes para cubrir las crecientes necesidades de los centros de datos y la IA. Además, las renovables son también contaminantes. No se pueden construir paneles solares, molinos de viento o coches eléctricos sin extraer más cobre, litio, hierro y aluminio, dragando y excavando el fondo del océano, las selvas tropicales y la tundra. Los paneles y baterías solares, así como las palas eólicas, son tan perjudiciales y tóxicos como los residuos nucleares, algo que con frecuencia se olvida.

La solución, por tanto, no es depender en exclusiva de una fuente de energía, sino de todas a la vez. Una vez más, la respuesta a la crisis energética está en el mix. Con un peso mayor de las energías renovables cada vez, cierto. Pero sin depender de ninguna en exclusiva al cien por cien.

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