La invasión de las súper ratas

Los roedores de ciudad han duplicado su tamaño y se ha vuelto inmunes a venenos y pesticidas

Es inquietante el descubrimiento de que las ratas de ciudad no son ratas normales sino súper ratas, ultra roedores que han crecido hasta un 300 por ciento sobre sus predecesoras, adaptándose a las inclemencias del hábitat urbano, los ruidos subterráneos del metro y las alcantarillas, los pesticidas y venenos que ya no les hacen daño. Los animales que sobreviven y prosperan en la ciudad, desde las ratas hasta las palomas, los zorros o los mapaches, no son ya como sus colegas del campo o de las zonas rurales. Cuentan las crónicas que los roedores neoyorquinos, por ejemplo, han desarrollado un lenguaje propio, ajustado al ruido de la metrópoli, a los otros animales, a los vehículos y humanos urbanitas. Chillán y gritan más y son inmunes y hasta mutantes, como las bacterias resistentes a los antibióticos. De manera que se han hecho fuertes contra los venenos, hasta el punto de que se alimentan de los raticidas y se reproducen ya con esos propios genes resistentes, algo que ha sido constatado tanto en las ratas negras como en las pardas.

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Las ratas proliferan en las grandes ciudades

En Buenos Aires son parte habitual del paisaje urbano. Se pasean entre los contenedores a la vista de cualquiera, salen y entran de los túneles y hasta es frecuente verlas por los pasillos. Están en todas partes. Los vecinos denuncian que la ciudad está tomada por una plaga que crece a la par del abandono y la basura. Los especialistas dicen que la población de estos repugnantes animales se ha triplicado, al amparo de una disponibilidad constante de residuos, desechos y todo tipo de porquerías, con bastante frecuencia asociado al consumo de comida rápida. La abundancia de restos de alimentos y residuos mal gestionados redunda en el constante crecimiento de las poblaciones urbanas, considerando también la facilidad de reproducción que tienen: un solo par de ejemplares puede dar lugar a más de mil crías al año.

En Gaza, amén de la destrucción total de casas y barrios, la población superviviente tiene que soportar una plaga de roedores que han salido desesperados a buscar comida por cualquier sitio, de manera que entran en las tiendas de campañas y hasta muerden a los niños por la noche mientras duermen.

No es tan dramático el caso de España, pero también aquí las plagas han aumentado considerablemente, estimando en cuatro ratas por cada diez habitantes, lo que no está nada mal. Se han reportado focos particularmente graves en Madrid, Barcelona, Zaragoza, Málaga y Alicante.

El problema es que a más ratas más peligros potenciales para los humanos. Se comen y pelan cables y todo lo que pillan, y son reservorios de numerosos agentes patógenos causales de enfermedades zoonóticas. El riesgo de transmisión aumenta con el contacto estrecho. Se citan hasta un total de 35 enfermedades generadas por ratas. Amén del conocido hantavirus que estos días nos abruma, son habituales también agentes virales como la coriomeningitis linfocitaria, o bacterianas, como la enfermedad de Weil y la salmonella, que hay que sumar a las transmitidas por pulgas, piojos y garrapatas, bichos habituales que generan otro tipo de dolencias o patologías desagradables, cuando no horribles.

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