Hasta el 27 y más
A la acumulación de causas judiciales que le circundan por casos de presunta corrupción, responde nuestro líder supremo que no habrá elecciones hasta 2027, y que su régimen, cada día más alejado de la democracia liberal y próximo a las democracias populares, durará hasta el 27 y más.

Claro, si el referente es Venezuela, el horizonte es mucho mayor, y se logra como en aquel régimen de apariencia democrática pero dictatorial en lo esencial: sin poder judicial independiente, con fiscales afines, con elecciones sospechosas, gobernando por decreto, con un Parlamento inservible, sin presupuestos y con instituciones a su servicio personal. Una democracia popular es lo que propugna el Grupo de Puebla para los países en los que gobierna la izquierda.
El objetivo, permanecer en el poder in aeternum. El líder del Grupo de Puebla era el expresidente Zapatero, como él mismo ha reconocido en más de una ocasión. Zapatero está siendo hoy investigado por la Justicia, igual que otras decenas de responsables sanchistas en las instituciones. Algunos, como Ábalos, en la cárcel de Soto esperando sentencia. Ábalos fue el que nos dio a todos lecciones morales, hace ocho años, cuando echaron a Rajoy de la Moncloa al grito de «nunca más la corrupción». Estaban allí sentados, en la tribuna de invitados, escuchando la monserga, nada menos que Begoña y el hermanísimo. Ábalos, portavoz y arquitecto de la moción, ya era entonces amigo de Aldama, según los informes de la UCO.
Sánchez le dijo a Rajoy que él no acudiría nunca al argumento del «y tu más», porque su bandera era la del «y yo más que nadie contra la corrupción». Así ha sido, en efecto, Sánchez mucho más que Rajoy y que Aznar y que Felipe juntos, pero en gobiernos de corrupción (presunta). Cum laude en el trampeo del dinero público. Sobresaliente en artimañas pseudo democráticas para seguir en la Moncloa al precio que sea. Se lo dijo el domingo Isabel Díaz Ayuso a Rocío Ruiz, en excelente entrevista en La Razón: «Sánchez es un farsante». No sólo porque, siendo ateo irreconciliable, pretenda rentabilizar la visita del Papa en su favor.
Es un farsante porque todo su historial es una farsa. ¿Cómo crees que me recordará la historia?, le preguntó nuestro timonel al exministro Maxim Huerta cuando le iba a destituir. Maxim aún no lo intuía, pero hoy sabemos que se le recordará como el gran impostor que maquinó con frialdad la impostura de los cinco días de reflexión. La farsa de la lucha contra la corrupción. El teatro de la inexistente mayoría progresista. La pantomima de una amnistía que le beneficiaba sobre todo a él. La alianza inconfesable con el submundo etarra. Los votos amañados en las primarias y hasta el supuesto plagio de su tesis doctoral.
Todo expresado con esa voz almibarada que pone cuando nos quiere vender como bueno lo que en realidad es una cloaca como la montada para evitar que la Justicia investigue a sus más directos allegados. Era difícil pensar que esto pudiera suceder en España. Pero sucede, porque el presidente de gobierno menos votado de la democracia sigue en el poder gracias al apoyo de unos socios que no le van a echar por mucho que también a ellos les engañe. Habrá Sánchez mientras haya pesebre para todos. Hasta el 27 o más.