El honor hundido
Muchos jueces han decretado la prisión preventiva por delitos como los que presuntamente ha cometido Mercedes González

Por fortuna, el honor de la Guardia Civil está muy por encima de quienes la dirigen. El Benemérito instituto tuvo que superar en tiempos no lejanos la ignominia de contar con un director general que utilizó el cargo para lucrarse, de manera tan ruin que nos recuerda mucho a los episodios de bajo catre del secuaz Ábalos. Pero por ventura, el nombre del Cuerpo no lo representan sus gestores políticos, aunque los ha habido muy honrados y muy buenos. La mayoría en realidad, aunque cuatro de ellos, todos civiles y del PSOE, fueron imputados por diferentes motivos. Bien conocido es el aludido caso Roldán, aunque hubo más. El jurista Félix Azón fue investigado pero eximido de toda culpa por causa del Pegasus. María Gámez, por los negocios de su pareja, pendientes de resolución. Y Mercedes González por presuntos delitos de prevaricación y obstrucción a la Justicia, si no lo le cae además el de destrucción de pruebas. También fue investigado el ex director por el PP Fernández de Mesa, pero por un caso previo a su nombramiento, archivado. Y Joan Mesquida, del PSOE igual, por procedimiento posterior a su responsabilidad en el Instituto.
Lo de González, del núcleo más duro y cercano a Sánchez, es cosa distinta. Su honor está hundido. Estaba cantado que sería llamada a declarar como testigo o imputada, que es lo que finalmente ha sucedido. No es asunto menor, pues se la acusa de intimidar con presiones a los mandos de la UCO implicados en la investigación del caso fontanera. De elaborar listas negras de agentes y mandos. De connivencia con la presunta cloaquera Leire Díez, con quien se reunió tres veces, dice que para tomar café y hablar de naderías. Y del borrado de posibles pruebas en sus conversaciones de WhatsApp. Por el hecho de presumir que al seguir en el cargo se puede continuar alterando, ocultando o modificando pruebas, han decretado muchos jueces la prisión preventiva de sus imputados. No por mentir, la otra acusación contra González, que es solo política, a la vista de sus rotundas afirmaciones en el Senado negando y alejándose de su relación con la fontanería. También mintió como acostumbra, a lo grande y de manera ostensible, su jefe Marlaska, conocido ya como el peor ministro de Interior de la democracia.
Aunque en realidad el auténtico jefe de MG es Sánchez, compañero iniciático en el PSOE madrileño. Pedro la puso primero y luego la quitó para blindarla como diputada cuando las elecciones estivales de 2023. Mercedes era puro núcleo pedrista, como Ábalos, Koldo y Cerdán ( los del Peugeot que resultó ser un Mercedes ), y también el caído Alvarone, amén de su hermano y su señora. A su hermano le acaba de llegar la inhabilitación, bajo evidencia de que fue enchufado para un cargo creado ad hoc, y por aceptarlo pese a saber que era puro nepostismo.
Sánchez está rodeado. Hay al menos tres casos que le afectan directamente: Plus Ultra, Fontanera y Financiación. Lo normal es que le acaben imputando por alguno. Dicen las lenguas bífidas que es lo que quiere, para que el Congreso tumbe el suplicatorio y convoque elecciones, exonerado «por los representantes del pueblo». Sería una escandalosa traca final, pero en su caso el escándalo le da igual. Tiene bula porque a los socialistas se permite lo que nunca a los demás. Pueden llevar a sus hijos a colegios caros y utilizar la sanidad privada, pese a hacer discursos en favor de la educación y la salud públicas. públicas para los demás, para ellos exclusivas y a precios imposibles. Le apoyan los suyos aunque roben, asumiendo que los socialistas tienen derecho a hacerlo. Los demás no.
Y le apoya a muerte Europa. Von der Leyen y el presidente Macron, amén de su padrino Soros.Sanchez tiene bula y ha dado orden de no dimitir. Pretende eximir a todos, vía indultos o gracias al TC. Es su carta para evitar que nadie cante. Porque de cantar alguno, estará muerto.