El derrotado es Sánchez
Nunca el PSOE en Extremadura, bastión tradicional del socialismo por encima incluso de Andalucía, tuvo un resultado tan endeble

Por mucho que nos quieran vender que Gallardo ha sido el perdedor de las elecciones extremeñas, (que por supuesto), el verdaderamente derrotado es Pedro Sánchez. Nunca el PSOE en esta región, bastión tradicional del socialismo por encima incluso de Andalucía, tuvo un resultado tan endeble. En cuatro elecciones regionales, los de Ferraz cosecharon resultados por encima del 50 por ciento de los votos, y en la mayoría de los casos, superiores siempre al 40. Ahora se han quedado en el 26. Diez escaños por debajo los comicios del 23. A sólo siete de Vox, que en Badajoz se pone por delante de los socialistas, y es el gran beneficiado de la jornada. El otro es Podemos. Si en tiempos de Ibarra nos cuentan que esto iba a suceder, no nos lo hubiéramos creído. ¿Culpa de Gallardo? A Gallardo casi ni le conocen. La culpa entera es de Sánchez, que eligió a Gallardo pese a ser un candidato imputado y procesado, que ha llevado el peso de la campaña electoral y se ha empeñado en seguir habitando la Moncloa pese al hedor de corrupción que le circunda. Parte de ese hedor corresponde a su hermano, en la antesala de un juicio por nepotismo. Luego el que pierde es Sánchez, que hunde al PSOE en su naufragio.
Junto a lo anterior, la victoria del PP es importante, por mucho que sea menor de lo esperado. Tanto hablar las encuestas de mayoría absoluta, que sacar diez escaños a los socialistas parecen pocos, cuando en realidad son muchos. Pero así es la política. Guardiola se la jugaba anticipando los comicios. Se empeñó en cometer errores no menores en los últimos días de campaña. También se empeñó en alejarse de Feijóo, por lo que el resultado es más de Guardiola que del gallego. Feijóo dijo siempre que el objetivo era sacar más diputados que la suma de la izquierda. Así ha sucedido. La mayoría absoluta la vaticinaron las encuestas, nunca el PP.
En estas elecciones ha sido muy importante la participación, por debajo de otros comicios. Siempre se dijo que una menor participación favorece a la derecha, y así ha ocurrido también en esta ocasión. Cabe pensar que muchos votantes, tradicionalmente socialistas, agotados por los casos de corrupción del sanchismo, han preferido quedarse en casa y abstenerse, para no involucrarse en favor de un proyecto que no les entusiasma.
La crecida del partido de Abascal no admite discusión. Es lo realmente llamativo del resultado. Vox apenas tenía liderazgo en Extremadura, pero sí las siglas de una formación que sigue subiendo en toda España. La tendencia de la ultraderecha en Europa empuja hacia arriba a Vox, que de tener al frente a alguien como Meloni, estaría pugnando ya por arrebatar la primera posición al PSOE. Aun así, sin un liderazgo sólido como el de Trump, con un candidato casi desconocido en Extremadura, el partido verderón ha logrado un magnífico resultado, mejor de lo que anticiparon las encuestas. Tras sufrir crisis puntuales en los últimos tiempos, Vox presenta de nuevo sus credenciales. Quienes vaticinaban un futuro de los abascales a la baja se equivocan. La formación derechista sube, a caballo de una ola que tiene en la inmigración, la inseguridad y la hostilidad a la agenda 2030, sus principales baluartes.
De no haber tenido candidato, su resultado hubiera sido igual. Vende la marca, vende el mensaje y un escenario internacional afín. Vox ya no da miedo. Por eso sigue subiendo.
Por lo demás, resultado más que contundente para Unidas por Extremadura, versión regional de Podemos. Sumar pidió el voto para ellos, pero con la boca pequeña. Sumar no existe en Extremadura, como no existe como tal en casi ninguna parte. Sumar es un proyecto agonizante, y el resultado muestra claramente quién va a ser el nuevo referente a la izquierda del PSOE.
Gran victoria para Pablo Iglesias, artífice de esta crecida en la sombra.