El año del debate nuclear

Se impone el criterio de que se trata de una fuente de energía limpia, que no emite CO2 y es barata

Una central nuclear tiene una vida media de años aunque llegar a e incluso más con mejoras
Una central nuclear tiene una vida media de años aunque llegar a e incluso más con mejoras

2025 se ha cerrado como en año en el que se impuso nuevamente el debate sobre la energía nuclear. Con la excepción de España, hay una nueva ola en todo el mundo. Veinticinco naciones han firmado el compromiso de triplicar la capacidad atómica mundial para 2050, en una tendencia a la inversa de la nuestra. Suecia, comprometida en el pasado con el «nucleares, no gracias», está impulsando nuevas centrales, con la idea de multiplicar por tres su producción. Holanda, Suiza, Italia, Bélgica también han cambiado su posicionamiento y dan continuidad a sus centrales o tienen nuevos proyectos.

La nuclear vuelve por el hecho incontrovertible de que se trata de una fuente limpia, que no emite CO2 y es barata. Su principal inconveniente siegue siendo que está afectada en su imagen por problemas de seguridad y almacenamiento de los residuos, objetivos a superar en los proyectos de mini-centrales atómicas de reactores de sal fundida, instaladas en barco o cerca del mar, que actúan como refrigerante, impidiendo que el reactor pueda explotar o incendiarse. Se abastecen de parte del combustible gastado, eliminando los residuos, al tiempo que generan agua desalada e hidrógeno.

Existe cada vez más la percepción de que el mundo no podrá alcanzar el nivel Net Zero sin aumentar la capacidad nuclear. Las renovables, muy útiles, son insuficientes para cubrir las crecientes necesidades de los centros de datos y la lA. Además de que las renovables son también contaminantes. No se pueden construir paneles solares, molinos de viento o coches eléctricos sin extraer más cobre, litio, hierro y aluminio, dragando y excavando el fondo del océano, las selvas tropicales y la tundra. Los paneles y baterías solares, así como las palas eólicas, son tan perjudiciales y tóxicos como los residuos nucleares, algo que con frecuencia se olvida.

En materia de energía nuclear el año que acaba se cerró con la novedad de los avances en lo que se denomina “ciclo cerrado”, un sistema donde el combustible gastado de un reactor se reprocesa por encima del 95 por cien para recuperar el uranio y plutonio que no se han quemado, los cuales se reutilizan para fabricar nuevo combustible. Un proceso opuesto al de ciclo abierto de las centrales convencionales, donde el combustible gastado se considera un desecho que hay que almacenar bajo tierra, con las dificultades de acumulación que ello conlleva.

En ningún caso hay que confundir el ciclo cerrado con la fusión nuclear. Las centrales actuales son de fisión, igual que las de combustible cerrado. La fisión libera energía al desintegrar el átomo. La fusión la genera en cantidades ingentes cuando se unen dos átomos produciendo plasma, en un proceso similar al que ocurre en el Sol, sin gases de invernadero y con muy poca cantidad de desechos radiactivos de vida corta. El mayor experimento de fusión nuclear del mundo es el ITER, ubicado en el sur de Francia, que busca replicar la energía de las estrellas en la Tierra.

Pero mientras eso llega, el ciclo de combustible cerrado en la energía de fisión (o sea, los residuos reciclables) parecen una solución intermedia. Una planta nuclear convencional usa el 0,7% del uranio, dejando un 99,3% de desechos. El reactor de ciclo cerrado los reutiliza, haciendo que el combustible de uranio dure miles de años.

Si se carga un kilo de uranio en un reactor así, no solo se obtiene electricidad y calor, sino que también se produce más de 1 kg de plutonio nuevo, quemando además cesio y estroncio radiactivos, causantes de los desastres de Chernóbil y Fukushima.

Rosatom ha construido un reactor rápido que funciona con uranio-238 y lo convierte en plutonio-239 reutilizable. Parece que, hasta el momento, es el único sistema nuclear de ciclo cerrado en el mundo que entra en fase industrial. USA, Japón y Francia han intentado ciclos de combustible cerrado con reactores enfriados con sodio, pero parece que ninguno ha logrado un diseño sostenible.

El mapa mundial de la energía nuclear está cambiando de manera que la mayoría de los proyectos no están ya en Occidente, sino en China y Rusia, camino de superar a USA y Europa.

El líder occidental en nucleares es Estados Unidos, con 94 centrales, seguido de Francia, con 57. En el espacio BRICS toma la delantera China, con 58 reactores operativos y 27 en construcción. China lidera la producción mundial fotovoltaica, pero aun así empuja en nuclear. Su aliado Rusia dispone de 36 en funcionamiento y una decena en pre-construcción, liderando la tecnología de «reactores de ciclo cerrado», que consumen casi el 95% de los residuos.

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