Ceuta va a reventar
Los ministros no pueden ir a cubrir el expediente y salir corriendo

Dieciocho días después, el Gobierno sigue sin saber bien qué hacer en la crisis de Ceuta. Buena parte de los ministros van allí a mirar y cubrir el expediente, no a gestionar lo que corresponde. Cierto que Margarita Robles dio la cara y ha puesto al Ejército a proteger la frontera, algo que debería ser así siempre. También Marlaska ha llevado, casi a rastras, a más policías y guardias civiles, aunque debería desplazar un mayor número de especialistas en extranjería para resolver con rapidez el problema de identificación de los menores que deben ser devueltos a Marruecos. En situaciones excepcionales, soluciones excepcionales. El anuncio hecho ayer por Elma Saiz de levantar campamentos provisionales es correcto, pero llega tan tarde como todo lo demás, cuando la situación en las calles se hace insoportable, y el presidente de la ciudad no ha tenido más remedio que decir que va a tener que ir a los Tribunales, porque la ciudad va a reventar. El problema es que la pauta común de comportamiento por parte de buena parte de los miembros del Ejecutivo es la de llegar, soportar los abucheos, reunirse con el presidente Vivas o con sus consejeros, e inmediatamente salir corriendo, no vaya a ser que tengan que ponerse a gestionar una situación que no admite ni dilaciones ni esperas. Con el agravante, como en el caso de Mónica García, de que intentan algunos responsabilizar a la población ceutí de comportamientos xenófobos o racistas. Argumentación maniquea que se cae por su peso. Ya quisiéramos ver a García viviendo allí como una ceutí más, sin poder salir a la calle por miedo, sin poder comprar porque el supermercado lo han cerrado también por miedo, o sin saber qué hacer con los niños ahora que se empieza a vislumbrar la vuelta al cole. Dice García que identificar inmigración con enfermedad es xenofobia. Sí, pero es que hablamos de una crisis epidemiológica, o de su prevención, no motivada porque sus protagonistas sean inmigrantes, sino porque esas personas están hacinadas, vagando por las esquinas, durmiendo en colchonetas por cualquier sitio, pernoctando en chozas insalubres en las playas o en el monte, haciendo sus necesidades más básicas donde pueden y comiendo, si es que comen, de lo que encuentran o rapiñan. Cuando no tienes nada para comer, lo buscas como sea. Es lo habitual y lo que hace todo el mundo en una situación de extrema necesidad. La responsable de Sanidad podía haber ido a Ceuta y haberse ganado a la población escuchando a los médicos, a los profesionales, a la gente, pero lo único que hizo fueron acusaciones infundadas, echando balones fuera y acusando a los responsables de la Ciudad Autónoma de no hacer bien su trabajo. Es lamentable, porque esta señora lo tenía fácil. Era tan sencillo como reunirse con los sectores afectados y escuchar sus planteamientos, visitar el único hospital de la ciudad, que es público y depende directamente de ella, del Ministerio de Sanidad, tener empatía con la gente y anunciar el levantamiento de un centro de campaña para atender debidamente a los inmigrantes enfermos, que no son cuatro, mientras se resuelve la necesaria deportación. En lugar de eso, fue allí dieciséis días después, altanera como nadie, sin escuchar a nadie más que a sus aduladores, para salir después corriendo sin resolver problema alguno. Mejor que no hubiera ido. Con dimitir bastaba.