Adversidad agravada
La alta velocidad tiene unas exigencias que ningún Gobierno debe olvidar

Es difícil hacer frente a la adversidad cuando ésta se nos cruza en el camino sin que podamos hacer nada. Sólo el azar es responsable de que nos toque viajar en un determinado vagón y en uno de los asientos afectados por una tragedia como la del domingo. La fatalidad anda siempre rondando, y frente a ella nada podemos.
Ha sido el primer accidente mortal del AVE aquí, pero antes los hubo en Alemania, China y Japón. Volar sobre raíles tiene la ventaja de que hacemos en 2 horas trayectos en los que antes echábamos la noche entera. Pero la alta velocidad entraña unas exigencias que ningún Estado u operador debe olvidar, porque de lo contrario estaremos desafiando al riesgo.
Pasadas las primeras 24 horas del shock, empieza a tomar cuerpo una investigación que pasa por abrir la caja negra, analizar el estado previo de la vía y revisar las comunicaciones entre maquinistas. Tal vez de ese estudio saquemos alguna conclusión que explique si todo ha sido por culpa de la fatalidad, o si estamos ante una adversidad agravada. El presidente de Renfe descartó ayer el fallo humano, dado que el sistema hubiera corregido un error de este tipo. Pero si no es un fallo humano, habrá tenido que ser otro tipo de yerro: lo normal es que los trenes circulen por sus vías sin descarrilar ni invadir la vía de al lado.
En España tenemos el debate pendiente sobre si hemos desarrollado correctamente la implantación de la alta velocidad ferroviaria. Sacamos mucho pecho diciendo que, después de China, somos el país con más kilómetros de AVE, pero todos hemos visto, o padecido, los problemas que se han venido sucediendo de un tiempo a esta parte relacionados con incidentes, retrasos y anomalías que han terminado afectando a la imagen de nuestra red.
Construir una línea de Ave tras otra, sin dotar al sistema de la inversión necesaria en mantenimiento, lleva siempre a problemas de todo tipo. Con frecuencia se empieza por incidencias y se acaba por accidentes. Aún no tenemos la explicación, por lo que no procede establecer ninguna relación de causa efecto. Pero sabemos que en los últimos meses se han sucedido llamadas de atención sobre la obsolescencia de nuestra infraestructura de alta velocidad, en particular de Madrid a Andalucía, el primer tramo en ponerse en funcionamiento.
Es bueno abrir líneas nuevas, siempre que estén dotadas del adecuado presupuesto de mantenimiento. No se entiende que España invierta un tercio de lo que dedican Francia o Italia a sostener su red. Ni que la sucesión de episodios de vibraciones en las inmediaciones de Adamuz haya sido una constante desde hace años. Comenta en redes un ingeniero que «las máquinas expuestas a ciclos repetidos de grandes esfuerzos por debajo de su límite rompen a fatiga, sí o sí, después de un tiempo».
El sindicato de maquinistas denunció en agosto que «se está produciendo una degradación acelerada del material rodante», causando diferentes averías, inestabilidad en la rodadura y daño en la estructura de los trenes, que provocan vibraciones y movimientos bruscos. Infraestructuras poco mantenidas y maquinaria «low cost», para abaratar precios, no pueden dar un nunca buen resultado. Eso sin prejuzgar el motivo de la tragedia del domingo. Ahora empezarán las peleas políticas.