Marruecos vota por Sánchez
Rabat afloja la presión para no perjudicar al PSOE en campaña electoral
El que quiere, puede. Dos meses y medio después, se ve que desalojar las playas de Ceuta, repletas de chabolas hasta hace nada, no era misión imposible. No se hacía porque el Gobierno no quería. Ahora que estamos ya en precampaña electoral, a Pedro le interesa que la ciudad tenga apariencia de limpia, no por los votos que vaya a recibir de los ceutíes, equivalentes a nada, sino porque el ruido negativo que le estaba causando el caso no conviene a sus intereses actuales. De ahí que se haya puesto manos a la obra, con la ayuda inestimable del régimen marroquí, que quiere que las elecciones del 29-N las gane Sánchez. Por eso no están poniendo impedimento alguno a los regresos de parte de los invasores, que prefieren volver a Marruecos antes que seguir vagando por las calles. Dice el jefe del alto mando, el ministro Torres, que han regresado desde el 8 de agosto 12 mil, pero que aún quedan 7 mil. Cifras que chocan con las que se dieron al comienzo de la invasión, cuando se dijo que apenas quedaban 5 mil. Pero si se han ido ahora 12 mil, y permanecen 7 mil, la cifra de los que se quedaron tras la avalancha no era de 5 sino de casi 20 mil. E incluso hoy desconocemos si los nuevos números son exactos, pues dicen los vecinos que la situación se ha agravado con los desalojos: los miles que estaban asentados en las playas deambulan por todas partes, rapiñando y haciendo sus necesidades donde les place, con lo que los ceutíes están sufriendo incluso más de cerca el problema. Cierto que los Reyes no van a ver hoy el espectáculo del Trampolín tomado y lleno de basura, pero no da la sensación de que se haya enderezado completamente la situación. Apenas se está parcheando. A Pedro se le da bien parchear. Marruecos quiere que Sánchez gane y está pactado con Mohamed hacer la vista gorda ante la visita de Don Felipe. Aunque con estos vecinos nunca se sabe. Como mínimo harán algún gesto de reprobación, alguna declaración de un ministro o portavoz aludiendo a la marroquinidad de lo que ellos denominan «presidios». Ceuta y Melilla son tan españolas como Sevilla o Madrid, integrantes de la Corona de Castilla mucho antes de que Marruecos existiera como Estado. Un Estado con territorios que no quieren formar parte del mismo, como el Rif y el Sahara, otrora provincias españolas donde se hablaba bastante español. De haber apoyado la independencia de ambos, formarían hoy parte con Guinea Ecuatorial de la Hispanidad africana. Por desgracia, los gobiernos de entonces resolvieron entregar a la nueva nación marroquí ambas regiones, accediendo a la presión de Francia y de Estados Unidos. De manera que tanto el Rif como el Sahara han pasado a formar parte de la francofonía en vez de permanecer ligados a España y a la Hispanidad, que es lo que correspondería por lazos históricos y socioculturales. Una gestión nefasta sólo superada ahora por la decisión incomprensible de Sánchez de aceptar la vía de los hechos consumados con relación al Sahara, condenando a nuestra antigua colonia a formar parte de Marruecos le guste o no a sus habitantes.
Por eso a Mohamed VI le interesa tanto que el actual presidente del Gobierno siga en La Moncloa.