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Fagocitando a Sumar

Sánchez polarizará al extremo la campaña electoral y devorará a su izquierda

Algún día tenía que convocar elecciones. Prolongando hasta 2027, como tantas veces prometió, corría el riesgo de encontrarse con una peor situación económica, sin el trampantojo de la vivienda de Maricarmen al alcance, y una izquierda a su izquierda reorganizada con un candidato de mayor peso. Algo más que difícil, pero que podría suceder. Ahora, en cambio, Sumar está destronada, buscando nuevos referentes, y Podemos carece de fuerza suficiente para aglutinar a la totalidad del izquierdismo en el denominado Frente Amplio. De manera que Sánchez aspira a fagocitar al grueso de la coalición Yolanda, con el obstáculo cierto de las izquierdas regionales, que sí van a mantener su peso específico en las próximas elecciones del 29 de noviembre. Devorando a Sumar, con el viento de cola por unos previsibles malos resultados de Trump en USA y Netanyahu en Israel, nuestro timonel se dispone a darle la vuelta a la tortilla, lo que hoy parece imposible. CIS al margen, las encuestas en general están dando 15 puntos de diferencia a la derecha sobre el sanchismo y sus confluencias. Imposible, no hay nada en política, pero parece improbable que Pedro se pueda mantener en la Moncloa en las actuales circunstancias.

Si merendarse a la izquierda es el objetivo, polarizar al país tensionándolo al extremo es el instrumento. Algo que no va a tardar, porque hoy mismo tiene en mente volver a aprobar los decretos que le tumbaron las Cortes hace apenas cuatro días. Muy democrático no parece, pero Pedro Sánchez ve en eso una ventana de oportunidad, pese a que pueda constituir fraude de ley. Intentará que la parte más «pedroflauta» de los acampados de Sol se imponga en el relato al sindicato de inquilinas, de orientación podemoide. La huelga general, apoyada por UGT y Comisiones, o sea, los sindicatos de los dos partidos del gobierno en funciones, parece más cercana que nunca. Huelga general para, con la inestimable ayuda de la violencia piquetera, movilizar la calle en favor de un gobierno que, en materia de vivienda, solo ha demostrado ineficacia, en preocupante alianza con los fondos buitres controlados por Blackstone y Blackrock, con cuyos jefes ha confraternizado de manera habitual Sánchez en Davos, por mucho que llame carroñera a la derecha inmobiliaria.

De manera que Pedro Sánchez va a intentar centrar la precampaña y la campaña en la vivienda, soslayando cualquier otro debate que le pueda perjudicar. El primero, Ceuta. Ayer se demostró que el Estado tiene capacidad más que sobrada para llevar el orden a la ciudad autónoma invadida. Solo hay que querer, y ahora se ve que al presidente en funciones le interesa que Ceuta no sea un problema. El segundo, la corrupción que asedia a sus entornos. Con las elecciones convocadas, su esperanza está en que los tribunales dejen en stand by los principales procedimientos que afectan a su familia o a miembros del partido. La tradición en España es que los tribunales abran un paréntesis durante la campaña electoral, para evitar que se les acuse de partidismo. Luego hay posibilidades de que el debate de estos meses se centre mucho en la vivienda y menos en lo demás. Para eso hay que tensionar la calle y polarizar al extremo las elecciones, de manera que el voto útil vaya a parar a Sánchez, canibalizando a Sumar.

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