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El ecodrama del Rif

El cultivo intensivo de cannabis en el norte de Marruecos destruye vastas extensiones de bosque del antiguo protectorado español

El Rif, vasta región del norte de Marruecos y antiguo protectorado español, no solo sufre una pobreza endémica por el olvido de Rabat, sino que además ha sido castigada con la plaga del hachís, condenados sus habitantes a un monocultivo que está dejando sin bosques a este ecosistema mediterráneo otrora abundante en arboledas de cedros, cipreses, encinares y alcornocales. De manera que el cannabis, a cuya producción se atan los rifeños para poder vivir, no solo es un peligro para la salud pública, sino que destruye su ecosistema, la tierra y los acuíferos. El “kif” consume tanta agua que está secando los pozos. El empleo masivo de grandes cantidades de fertilizantes está destrozando la fertilidad de la tierra.

La maldición del Rif. No solo por la pobreza sino también por el cannabis. El norte de lo que hoy es Marruecos siempre fue una región abandonada. En tiempos del protectorado español e igual ahora bajo la administración de Rabat, que no simpatiza mucho con el separatismo bereber, empeñado en recordar que fueron república independiente hace 105 años, entre 1921 y 1926, mucho antes de la creación de Marruecos, en 1956. Sus partidarios se manifestaron hace una semana en Bruselas reclamando “un Rif independiente”. El Partido Nacional Rifeño recuerda como en 1958, Hassan II aplastó la gran revuelta bereber (las últimas en 1984 y 2017), militarizando Alhucemas y bombardeando la zona incluso con napalm. El reclamo de la “republica” estaba asociado a la reivindicación de unas mejores condiciones de vida para una población que nunca digirió que el fin del dominio colonial español desembocara en un nuevo colonialismo que impuso el árabe y el francés por encima del tarifit y el español. Marruecos fue una creación colonial de Francia, con el apoyo de Estados Unidos e Israel. España entregó sus siete provincias (entre ellas Tánger, Larache, Alhucemas y Nador) al nuevo Estado marroquí bajo el compromiso de Rabat de reconocer la soberanía española sobre el Sahara y restantes territorios en el norte de África. Algo que nunca se respetó.

Sea por sus ínfulas separatistas o por la contestación social, la población rifeña no ha contado nunca con el apoyo de Rabat para su desarrollo, al haber sido relegada en las inversiones públicas tanto en infraestructuras como en industria. Con indicadores alarmantes de pobreza y desempleo, los rifeños no han tenido más remedio que emigrar a España y Europa o cultivar cannabis. La legalización del cannabis medicinal despertó grandes expectativas, pero ha acabado beneficiando a los grandes empresas u operadores, no a los pequeños agricultores, marginados y expuestos a la ilegalidad de seguir cultivando hachís. El declive de la economía del cannabis ha intensificado la pobreza y ha destruido bosques, acuíferos y hasta la propia tierra. El cedro atlántico está casi desaparecido. La ausencia de árboles es el mayor exponente del ecodrama del Rif como consecuencia del cultivo de kif en una región abandonada, que no se siente marroquí.

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