Devoluciones cero
Los que entraron ilegalmente en Ceuta no han sido repatriados 53 días después
Marlaska vuelve a Ceuta, pero su discurso no es el que era. Instaba antes a los invasores a regresar a Marruecos «porque ninguno se va a quedar aquí». Ahora emplea el tiempo en justificar por qué no hicieron nada, en decir que la ciudad vive cierta normalidad y en afirmar que la inseguridad de que hablan los vecinos es «subjetiva». Claro que, como es subjetiva, ha pedido que se suspenda la celebración del partido de la selección de fútbol sub-20 de España con México. En este caso, basado en la subjetividad del ministro, pues piensa que no se dan las condiciones para que se pueda disputar ese encuentro con normalidad, debido a la inseguridad. Ergo no hay normalidad ni hay seguridad.
La realidad hoy es que ni uno solo de los 15 mil invasores que entraron y se quedaron ha sido devuelto a Marruecos. Ha cambiado tanto el discurso, que ya no debemos hablar de invasores, sino de migrantes. Ni tan siquiera de inmigrantes, que es lo que son en realidad los invasores, algunos de los cuales trabajan para el servicio secreto marroquí, según nuestros servicios de inteligencia. Invasores, inmigrantes o migrantes. Los hay hasta muy violentos. No de otra manera se puede calificar a quienes lanzan cócteles contra el Ejército, agreden a pedradas a soldados o insultan y amedrentan a los vecinos.
También los hay que violan a las niñas que entraron el 30 de julio, 68 de las cuales fueron llevadas por el Ejército marroquí desde un orfanato en Ifran hasta El Tarajal. Unos cuantos soldados «las levantaron de sus camas, las metieron en un autobús y les dijeron: Vámonos a Ceuta». Niñas de entre 10 y 14 años usadas por el régimen como arma híbrida para la invasión. Entraron, por vez primera, más de seiscientos, algo bien extraño porque hasta ahora el 98 por ciento de los que se colaban en la ciudad eran muchachos.
De manera que de aquel lejano «todos serán devueltos», hemos pasado a decir que «los menores se van a quedar», según la ministra Sira Rego. Vamos a renunciar a reagrupar a los chavales con sus padres. A eso en Ucrania le llaman «secuestro y robo de niños». Según Zelensky, es lo que hace Putin con varios miles de menores ucranianos. Pero para Alvares y la señora Rego, no. Los niños, con permiso o no de sus padres, se van a quedar en España.
También los que se declaran niños pese a no serlo. Hemos sabido estos días que la afamada ONG Save the Children se dedica a enseñar a los ilegales a sortear las pruebas de edad, exigiendo «presunción de minoría de edad» para los dudosos. Save the Children recibió 33,1 millones de euros de dinero público en 2025 por estas actividades. Otras ONG también perciben cantidades millonarias, a razón de 109,91 euros por inmigrante y día. De modo que les interesa gestionar cuantos más migrantes mejor, para seguir percibiendo subvenciones. Una manera de vivir.
De modo que, pese a que Marlaska dijo que ninguno de los que entraron en Ceuta se va a quedar en nuestro país, 53 días después constatamos que no ha sido devuelto ni uno solo de los que se quedaron. Devoluciones cero. La cruda realidad que el Gobierno no quiere reconocer.