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Sin diésel para el invierno

La escasez de fueloil se generaliza en todo el mundo y amenaza la producción de fertilizantes y alimentos

La crisis del diésel es crónica y no tiene visos de poderse frenar debido a la escasez de petróleo por Ormuz, los ataques de Ucrania a las refinerías rusas y la menor producción de gasóleo tras la pandemia. El problema es que la escasez de diésel no afecta solo a los propietarios de coches, sino que va más allá: el sobreprecio se traslada al transporte, a la aviación, a la agricultura, la industria manufacturera y los bienes de equipo. Además, se eleva el costo de la siembra, de las cosechas, el procesamiento y transporte de alimentos. Y como hay escasez de gas, por Rusia y Qatar, habrá también déficit de fertilizantes nitrogenados, amoníaco y urea, que dependen en gran medida del gas. Sin fertilizantes hay riesgo para la producción de alimentos, de manera que la crisis alimentaria, largamente anunciada, puede ser realidad.

No de otra manera cabe interpretar las decisiones que los gobiernos de los países nórdicos están tomando con relación al acaparamiento de cereales, materias primas y alimentos para varios meses, como medida de precaución ante posibles crisis extremas.

Todo podría cambiar si se resolvieran los litigios de Ucrania e Irán, pero no parece. La idea de Zelensky de atacar las refinerías rusas con drones, y la respuesta equivalente de los rusos a refinerías ucranianas, ha generado una más que preocupante reducción de oferta de diésel. Cada dron que deja inoperativa una refinería rusa reduce los ingresos de Moscú, pero coloca también al mundo con una carencia límite de refinados. Y la crisis de Ormuz no se va a resolver de inmediato. Dice Trump que ellos no tienen problema con el petróleo. No es cierto, porque la producción USA es de enquisto ligero (baja densidad y poco azufre), cuando su infraestructura de refinerías procesa crudo pesado ácido, por lo que debe importar petróleo espeso de Canadá, México, Venezuela y Arabia Saudí para sus refinerías, mientras exporta su petróleo ligero a Asia y Europa. La economía estadounidense depende en gran medida del diésel, que se produce mejor a partir del crudo pesado. Tras la captura de Maduro, la importación de petróleo pesado venezolano se triplicó, solventando parte del problema. Solo que ese petróleo es “extrapesado” (alquitrán con azufre, metales y asfaltenos). De ahí la importancia del crudo ultraligero iraní, necesario para resolver los lodos espesos venezolanos, imposibles de comercializar por sí solos. Luego la crisis de diésel es real por varias causas, entre ellas el hecho de que con la pandemia de 2020 y los planes de transición energética, se aceleró el cierre de instalaciones clave de refinado en Europa, reduciendo la capacidad de producción mundial. Y menos diésel equivale a precios más caros en el transporte, la agricultura y la industria. Sumado a la escasez de gas, se llega a una situación de elevación de precios y déficit de fertilizantes, con lo que la crisis energética y alimentaria puede ser realidad.

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