Entre Ceuta y el eclipse
En estos días, apenas la ministra Robles ha sabido estar a la altura

Fue tal la apoteosis eclíptica, que no podía ser desaprovechada por el Gobierno para montar una celebración climática a lo grande, barra libre y jarana alcarreña incluidas. Falló Sánchez, que, visto el caos en las calles de Ceuta, prefirió quedarse en su Palacio de La Mareta, 1.900 metros cuadrados en una parcela de 40.000, con 10.000 de jardines, tres piscinas, lago, helipuerto y playa privada. Nada extraordinario tratándose de un militante del PSOE. Joyas aparte, dice Zapatero que en la ética socialista solo cabe «tener poco y dar mucho». Pedro es fiel a la doctrina. El palacete canario no es de su propiedad, sino que lo pagamos a escote los españoles. Y «dar mucho» también da nuestro presidente, al menos en horas de trabajo extra a los 120 agentes de élite que le protegen, a los cocineros, mayordomos, criados, asistentes que se encargan de alimentarle a él y a su familia, prole y progenitores incluidos, durante su estancia estival en la costa conejera. Merecido descanso tras la ola de desgracias que le acompañan. Visto lo cual, los ministros decidieron contribuir también al asalto del erario con 72.358 euros de vellón para un festejo solidario, llamado «inmaterial», en orden a vigilar la maniobra de la Luna durante el eclipse del milenio. Inversión al margen en asesores, conductores, escoltas, dietas, hoteles, comidas, cenas y bocadillos, las ilustrísimas empezaron con una paella a las 13:30 y acabaron pasadas las 22:00 con catering de bollería, canapés y bebidas frías a tutiplén, con broche indie de La Habitación Roja, una de las pasiones musicales de nuestro timonel. Anfitriona de gala fue la ministra Morant, de espectacular torso negro con mensaje feminista, acompañada por Grande-Marlaska, Óscar López y Ángel Víctor Torres. «Que no farte de ná», dicen que dijo Marisú cuando aprobó el condumio. Y nada faltó ese día, en efecto.
Aunque faltar sí que faltaron García-Page y Margarita. El primero prefirió quedarse en Toledo, en mejor compañía. Robles hizo lo que correspondía a un miembro responsable del Gabinete: vio el fenómeno solar en la intimidad y se fue a Ceuta a dar la cara ante la ciudadanía.
Jarana aparte, en la crisis ceutí apenas la responsable de Defensa ha sabido estar a la altura, una vez más. Solo ella se ha expuesto al contacto ciudadano. A Mónica García, ministra de Sanidad, le debería dar vergüenza no haber hecho lo mismo. No aparecer a tiempo por una ciudad cuya gestión sanitaria es de su entera competencia, resulta injustificable. Su lugar, en estos días de preemergencia sanitaria, no es la playa ni la montaña ni ningún otro lugar donde se encuentre, sino Ceuta, el Parador Nacional de la ciudad, si quiere, alojándose allí para liderar el operativo sanitario que la ciudad precisa. Tenía que haber enviado más médicos, enfermeros y sanitarios. El caos de urgencias que se avecina no es para estar en Off. Al menos Marlaska va y viene, pese a no tener un plan claro, como Albares. Con retraso, pero han reforzado la frontera con militares, policías y guardias civiles. Lo tenían que haber hecho mucho antes.
Ahora toca abordar la emergencia de niños vagabundeando por las calles y el caos general que persiste, por mucho que Sánchez no se quiera enterar, desde su privilegiado retiro en La Mareta.