Feminismo de prostíbulo
A la hora de la verdad, entre el acosador y la acosada, protegían más al presunto acosador

De todos los escándalos que persiguen a Sánchez, el de los prostíbulos y el falso feminismo es el que más daño interno y externo le hace. Solo hay que ver lo nerviosos que están ante la lluvia de casos de acoso sexual en el partido. El problema para Pedro es que no se trata de un asunto lejano, como nos quieren vender, sino de personas de su más estricta cercanía, promovidos y recompensados por él mismo para los cargos de más rango. Eso sí, siempre enarbolando la bandera del feminismo: «Soy feminista porque soy socialista», decían al unísono para diferenciarse del Partido Popular y de los demás partidos de la derecha. El problema es que era mentira. Como la pretendida lucha contra la corrupción.
Decían ser feministas mientras hostigaban a las compañeras con planteamientos machistas. O decían ser feministas y se manifestaban en favor de abolir la prostitución, mientras se beneficiaban o hacían uso de la misma. De manera que, como dijo ayer Alberto Núñez Feijóo en las Cortes, se ve que el curso de feminismo lo debían de dar en los prostíbulos. En los del suegro de Sánchez, tan rentables, o a través de los «books» y catálogos que manejaban Ábalos, Koldo, Tito Berni o algunos de los directivos de los ERE.
Porque no estamos ante un caso aislado ni ante situaciones que se estén dando hoy por vez primera. En los gloriosos tiempos de los ERE andaluces, semi amnistiados por Pumpido, se pagaban las cuentas de los burdeles con dinero público, con los fondos que presuntamente eran para los parados. Y en el «caso Feffe», también en la Andalucía socialista, un organismo adscrito a la Consejería de Empleo, creado por Manuel Chaves, llegó a hacer 43 ingresos por un valor de 32.000 euros en clubes de alterne con tarjetas de titularidad pública.
No solo ellos. «Tito Berni» y «Mediador» se intercambiaban los porfolios de prostis mientras presumían de verse con ministros. Veían a los ministros y luego se entregaban al lupanar. Juan Bernardo Fuentes Curbelo y Juan Antonio Navarro Tacoronte, que eran sus nombres, contrataban servicios de pago de manera recurrente, casi compulsiva, según las crónicas. Navarro enviaba el catálogo y Curbelo elegía. Y luego comentarios siempre muy feministas, del tipo: «La rusa, aparte de vieja, no vale un carajo».
Nada comparado, en realidad, con la exquisitez de Ábalos, que nunca hablaba mal de sus amigas, simplemente las «colocaba» en las empresas públicas. O sea, las disfrutaba él y las pagábamos nosotros. Pero Ábalos no era un tipo grosero, eso hay que reconocerlo. Algunos aspectos en el trato durante su conversación con Miss Asturias incluso le benefician, lo cual no quiere decir que eso de contratar mujeres a cuenta de la SEPI sea muy ejemplar. Y menos aún feminista.
Como tampoco lo era Paco Salazar, pese a que se jactara de ello, como todos. Salazar era un guarro, dijo Feijóo, y no le falta razón, atendiendo a lo que decía a sus compañeras de Ferraz. Pero Salazar no era un caso aislado, como vemos. Lo que sí era, un protegido de Sánchez, como Ábalos y los demás. Hasta el punto de haberse borrado los archivos para no tenerle que llevar a la Fiscalía. Menudo engorro para García Ortiz. Otro marrón más, no por favor, hubiera dicho el fiscal general ahora condenado.
La realidad es que se les llenaba la boca de feminismo, pero a la hora de la verdad, entre el acosador y la acosada, protegían más al presunto acosador. Ergo tienen razón en el Partido Popular: las lecciones de feminismo las debieron dar en los prostíbulos. No hay otra explicación.