Un consumo que nos consume
Ninguno de los progresos tecnológicos pone freno a la vorágine de una sociedad diseccionada para el consumismo voraz
La diatriba teatral de Rodrigo García contra el Al consumo, representada hace años en algunas salas alternativas, terminaba siendo un espectáculo asqueroso y repulsivo, pero no podía ser de otra manera. Qué se puede esperar de un mundo en el que vivimos para consumir y en el que el consumo se ha transformado en un fin en sí mismo. No consumimos para satisfacer necesidades fundamentales, la verdad. Consumimos por consumir. Lo decía con repugnante ironía Rodrigo García en «Compré una pala en Ikea para cavar mi tumba». Yo una pala aun no he comprado, aunque todo se andará. Quien dice Ikea dice cualquier otro gran almacén, y quien dice una pala dice cualquier otro producto que sirva para enterrarnos a base de productos que adquirimos de manera compulsiva y que pronto olvidaremos en el trastero. Hay que comprar todo y comer todo y gastar más para comer mucho más. Cuando ya no podamos tragar más, vomitamos lo ingerido y así seguiremos comprando, comiendo y consumiendo sin parar, que es de lo que se trata. Esa es la conclusión que sacamos de aquella obra teatral bestia y pestilente de La Carnicería, que empezaba en plan divertido y acababa siendo un concierto de vómitos y eructos, un espectáculo inmundo ideado para despertar las conciencias de los que engullen sin parar en esta sociedad de excesos y abundancia.
Valga este preámbulo para entrar en el debate de los decrecentistas, ideólogos de la teoría según la cual es necesario consumir menos para vivir mejor. O «vivir mejor con menos”, que es la máxima de este movimiento que aboga abiertamente por decrecer en lugar de seguir con el actual modelo de “crecimiento barato”. La recalibración con datos reales sitúa el pico de la producción global exactamente ahora, entre 2025 y 2026, por lo que las matemáticas sugieren que la era del este crecimiento barato actual está a punto de terminar. Como la humanidad se niega a decrecer, la única salida que nos plantean es la tecnológica, ingeniarizar el planeta con Capturas de Carbono, Fusión Nuclear, Inteligencia Artificial y computación cuántica. Solo que más crecimiento es igual a mayor consumo e igual a más explotación de los recursos, más deuda y más basura no reciclable. Las nuevas energías limpias producen tanta basura como las anteriores. Además, la tan elogiada transición energética está propiciando pelotazos económicos enormes y escándalos sin parangón. Y ahora estamos a punto de pasar de la economía verde al rearme, con la entelequia de que Rusia quiere invadir Europa. O sea, que vamos a a seguir creciendo, ahora a costa de la industria militar. Colapsará el mundo cuando el sur global crezca a los niveles del Norte global?. En el siglo XVIII Malthus predijo ese colapso que no se ha producido porque el hombre ha encontrado soluciones para los nuevos problemas. Soluciones que con frecuencia pasaron por la guerra, que pone siempre el contador a cero. O sea, el decrecimiento por decreto de ruina. Y a eso vamos.