Domo: Las nuevas olas de calor
Los climatólogos consideran una novedad estas burbujas caloríficas previas al verano
Igual que las gotas frías se llaman ahora “danas”, a las olas de calor les acaban de poner los climatólogos el nombre de “domo”, con la explicación de que es que no se trata de los episodios calurosos habituales, sino de una circunstancia nueva caracterizada por ser una especie de burbuja de calor que llega antes del verano. O sea, lo que hemos vivido estos días en España. La verdad es que mayo, el mes del verde y de las flores, se ha caracterizado siempre por ser muy veleta. Hemos vivido años de mayos y hasta de junios con nieve, y también de episodios de mucho calor. No es la primera vez que esto pasa, pero la meteorología nos dice que sí, y que todo es, como siempre, por culpa del cambio climático, comodín argumental que sirve para explicar desde un huracán a un incendio o una nevada intensa.
Bien, pues “domo” es la ultima consecuencia del cambio climático. Cuando lo explicaban el otro día en la tele, llovieron los comentarios en redes, no precisamente con tono halagador. Unos decían que el nombre que deberían darle es el de “geoingeniería”, otros “manipulación climática”, otros “haarp” y otros “chemtrails”. Agunos escribieron que a esto “se le ha llamado dorsal africana toda la vida”, y la mayoría coincidía en que “antes se le denominaba principio del verano”, que unas veces llega antes y otras después. Se detecta una suerte de revuelta opinativa de buena parte de la ciudadanía, cansada como está de ver los mapas en naranja rojo incandescente, cuando antes con la misma temperatura estaban en azul. Asunto que deberían revisar los calentólogos, pues pone de manifiesto que hay un relato que se tuerce y otro nada despreciable que emerge. Decirlo y escribirlo hoy, Dia Mundial del Medio Ambiente, parece bastante procedente, pues a los peligros que, en efecto, afectan de manera directa al clima, como la contaminación, las emisiones, los vertidos y otro tipo de comportamientos que por lo general se salvan de la crítica. Por ejemplo, la siembra de nubes por parte de las grandes potencias o la geoingeniería apadrinada por personajes como Bill Gates y otros, o los efectos perniciosos para el entorno de los grandes centros de datos de la IA, por sus efectos devastadores sobre el consumo de agua y energía. Una consulta a la IA supone hora y media de consumo de una bombilla de luz y medio litro de agua. La IA requerirá pronto más energía que Japón y más agua que Nueva York. El problema es que se da la paradoja de que los grandes padrinos o defensores de la IA son los mismos que teorizan sobre los efectos adversos del cambio climático, olvidando siempre que prácticas como la IA o la manipulación climática con geoingeniería coadyuva también a extremar y pervertir el clima.