Sonidos que matan

Las armas sónicas se emplean para disolver manifestaciones o para anular al enemigo, como hicieron los soldados americanos en Venezuela contra la guardia chavista

Dispositivos de sonido dirigidos se usan en barcos militares desde
Dispositivos de sonido dirigidos se usan en barcos militares desde

Las guerras son cada vez más diferentes, al menos en cuanto a las armas utilizadas: drones, robots, misiles hipersónicos, armas láser, biológicas, químicas, de pulso magnético, climáticas, acústicas o sónicas. De estas últimas se ha venido hablando desde hace tiempo, pero nunca nos han llegado a explicar en qué consisten.

Estos días de actualidad venezolana, vuelven a ser noticia a raíz de las declaraciones de uno de los soldados de Maduro que sobrevivió al ataque norteamericano. Refería este guardia chavista como “no se trataba solo de las armas, porque en un momento, lanzaron algo —no sé cómo describirlo… era como una onda de sonido muy intensa. De repente sentí que mi cabeza estaba explotando desde dentro. Todos comenzamos a sangrar por la nariz.

Algunos estaban vomitando sangre. Caímos al suelo, incapaces de movernos. (…) Ni siquiera pudimos ponernos de pie después de esa arma sónica o lo que fuera”.

El armamento acústico no se quiere reconocer. Se ha usado ya para disolver manifestaciones en Serbia, Somalia, Grecia y Estados Unidos.

También conocidos como dispositivos sónicos de largo alcance (LRAD por su sigla en inglés), pueden ser desde cañones de sonido hasta elementos de aclamación, balas sónicas o bazucas de ruido, dispositivos todos que emiten sonidos muy fuertes a largas distancias con diferente tipo de efectos en las personas.

En Serbia se acusó al Gobierno de emplearlas para disolver una revuelta, siendo las imágenes concluyentes. Las LRAD también han sido usadas en cargueros en la costa de Somalia contra piratas, en Grecia contra masas de inmigrantes y en Estados Unidos para dispersar a una multitud que protestaba contra la cúpula del G20 en Pittsburgh.

Hay más que rumores sobre si existen también armas sónicas sin sonidos audibles, de muy baja frecuencia. En 2016 se desató lo que luego fue conocido como “síndrome de La Habana”. Diplomáticos de EE. UU en la capital cubana relataron problemas de salud, mareos, vértigos, daños auditivos y dificultad para dormir. Algunos de ellos sufrieron pérdida completa de la audición. Entre la lista de posibles explicaciones estaba la de un ataque con un nuevo tipo de arma sónica. Síntomas semejantes se relataron entre diplomáticos norteamericanos en Viena y Berlín.

El sonido afecta al mundo físico. Un cantante puede romper con su voz una copa de vino. Los chips microeléctricos, los acelerómetros de airbag y smartphones, los giroscopios de los drones generan la misma interferencia. Un dron puede ser atacado con sonido, provocando su caída en vuelo. También se puede interferir a un smartphone.

Los animales oyen frecuencias más agudas que los humanos. El sonido tiene un poder especial para crear irritación y malas vibras. El armamento acústico, las armas biosónicas y ultrasónicas, pueden herir, incapacitar, causar cáncer y matar.

El uso del sonido por el ejército estadounidense con prisioneros de Guantánamo está muy documentado. Un detenido dijo que «más que la humillación sexual y las palizas, la tortura sónica fue lo peor con diferencia».

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