Mercosur contra el campo
La Comisión de Von der Leyen permite la competencia desleal mientras impone condiciones de severa regulación para la agricultura europea

El acuerdo de la UE con Mercosur es bueno en apariencia: va a permitir que tengamos acceso a productos del Cono Sur a buenos precios, igual que ellos en lo que se refiere Europa. El problema surge con el hecho de que las restricciones normativas para el campo del viejo continente son superiores que las que se exigen a Mercosur, lo que sitúa al sector de aquí en desventaja. La consecuencia será deslocalización y perjuicio para nuestros agricultores, muchos de los cuales se pueden ver obligados a dejar su actividad por escasa rentabilidad.
Si es más barata la carne argentina que la de Ávila, muchos consumidores comprarán los cortes uruguayos antes que los de aquí. Y quien dice la carne, dice naranjas. Un problema que no solo es de rentabilidad, sino de nutrición. Una naranja recién recolectada siempre va a ser mejor en nutrientes que la producida lejos, pues el almacenaje y el transporte requieren semanas de manipulación. Pero parece que es lo que quieren las élites europeas, entregadas a una globalización que implica pérdida de soberanía alimentaria. Si se destruyen nuestras cosechas, a fuerza de hacerlas poco rentables, también estaremos en una posición de mayor dependencia de mercados lejanos, lo que nos hace vulnerables en tiempos de crisis.
Dicen los agricultores españoles que están siendo víctimas de un plan legislativo que promueve sustituir las tierras de cultivo de alimentos por plantas fotovoltaicas. En un mundo globalizado, a cada región le corresponde una tarea, y la nuestra sería la de producir energía solar para Europa, según Elon Musk, con campos solares por todas partes, mientras la producción agrícola se encomendaría a productores baratos como Marruecos o Mercosur. Llama la atención el activismo de Sánchez en favor de la agricultura marroquí. En octubre se inyectaron 115 millones a la actividad agrícola marroquí, dinero que se emplearía en la plantación de 600.000 nuevos olivos mientras que ese cultivo pierde fuerza en nuestra nación, pasando de representar un 40 por ciento de la producción mundial de aceite a algo más del 21 por ciento.
No solo Marruecos, también Ucrania. Hungría, Rumanía, Eslovaquia y Bulgaria han acordado imponer restricciones a las importaciones de grano ucraniano para proteger la producción de sus agricultores. El grano de Kiev es más barato ( y menos regulado) que el de sus países. Ucrania, Marruecos y el Mercosur parecen formar parte de la misma estrategia deslocalizadora.
La revuelta contra esa estrategia tuvo un primer reflejo en Holanda, donde ganó las elecciones el partido de los agricultores, BBB, contrario a la Agenda Verde. Un segundo reflejo tuvo lugar en el Parlamento Europeo, con la alianza de fuerzas de la nueva derecha y la izquierda extrema. Apenas Socialistas y Populares votaron en favor de la actual regulación del acuerdo con Mercosur, lo que exhibe la fragilidad de las fuerzas globalistas ante el empuje de un soberanismo político que puede hacer que la actual estrategia regulatoria de la UE se vea trancada.