Con ánimo de enredar
Algunos llevan años pretendiendo acreditar la implicación del Rey.
Que la intención de Sánchez desclasificando la documentación del 23 F no es baladí es algo en lo que coincide buena parte de los observadores tanto políticos como mediáticos. La apreciación más extendida es que se trata de una nueva cortina humeante para tapar la inoperancia del Gobierno, los escándalos de su familia y de su entorno cercano, los déficits en infraestructuras detectados como consecuencia del accidente de Adamuz o escándalos como el último referido al DAO de la Policía Nacional, que deja en una muy mala posición a su valido Marlaska, y por extensión al propio presidente del Gobierno.

La estrategia de poner temas nuevos sobre la mesa, para desviar la atención de la ciudadanía en situaciones de tribulación, es tan antigua como la política misma, y connatural al sanchismo, cuya legión de asesores ha dejado incluso huella por escrito de que hay que tensionar y suministrar nuevo combustible para hacer olvidar antiguas polémicas.
El recurso a la desclasificación de los papeles del 23 F no es asunto menor. Tampoco es novedad lo de poner sobre la mesa una ingente documentación sobre un tema específico, que al final acaba difuminándose por efecto de su abundancia, de manera que, por puro agotamiento de material, la gente acaba olvidando lo desclasificado, como ha ocurrido en EE UU con el caso del asesinato de Kennedy o los papeles de Epstein.
El volumen de lo desclasificado sobre el 23F es mucho menor, y tampoco tenemos total certeza sobre que no se haya guardado algún material para mejor momento. La única voz discrepante dentro del Gobierno ha sido, como en tantas ocasiones, la de la ministra de Defensa, Margarita Robles, que con gran sentido común se ha opuesto a liberar una información cuya intención última, no nos engañemos, es la de enredar.
Todo lo que ha salido hasta el momento de escribir esta columna se puede considerar normal, y viene a confirmar la determinante actuación del Rey Juan Carlos en el frenazo de la intentona, sus discrepancias con Armada el día-D, la participación de miembros del entonces Cesid (ahora CNI) en el intento de golpe o el creciente malestar de una parte del Ejército con Suárez y con el Rey. Algunos llevan años pretendiendo acreditar que el Rey estaba con los golpistas, lo que choca de manera más que contundente con su actuación inequívoca disuadiendo a los que asaltaron el Congreso y a sus confluencias, trama civil incluida.
Se comentaba ayer la especie de que lo que en realidad busca Sánchez con la maniobra es afectar negativamente a la figura de Felipe González, su más declarado enemigo en estos momentos. ¿Cómo así? Difundiendo las conversaciones que presuntamente mantuvieron con Armada destacados representantes del PSOE de la época, de manera muy significada Enrique Múgica. La información que ha circulado durante años, recogida en diferentes libros, es que Múgica, por encargo de Felipe, sondeó a Armada sobre la posibilidad de un Gobierno de integración o «concentración nacional», para acabar con la etapa Suárez, permitiendo de inmediato la convocatoria de elecciones generales.
En ese gobierno, amén de González, según la leyenda circulante, habrían entrado destacados socialistas como Peces Barba, Solana o el mismo Múgica, comunistas de pedigrí como Solé Tura o Tamames (en el PCE entonces), el propio Fraga Iribarne y representantes de la UCD críticos con el presidente Suárez, con la bendición nada menos que de Reagan y el Vaticano.
De este asunto se habló mucho en aquellos tiempos, y existía ahora cierto morbo por saber hasta qué punto Sánchez estaría dispuesto a horadar bajo la fama de González, con el único fin de vengarse de quien tanto daño le está haciendo internamente.