Temor a una crisis alimentaria

Los agricultores de todo el mundo dependen de los fertilizantes y productos que pasan por el Estrecho de Ormuz
El bloqueo del Estrecho de Ormuz no va a afectar solo al gas y el petróleo, como la mayoría piensa. De prolongarse, sacudirá de manera más que visible a los medicamentos genéricos que utilizan insumos petroquímicos en su fabricación, utilizando esta vía marítima para llegar a China e India (donde los fabrican) a través de Dubai y Abu Dabi.

Allimentos en un supermercado
Allimentos en un supermercado

Pero es que los agricultores de todo el orbe, desde Asia a África (e incluso en Europa y Estados Unidos) dependen también de un suministro estable de fertilizantes y combustible, que igualmente utilizan el citado Estrecho, ahora parcialmente bloqueado. Amén de que el gas natural es un ingrediente clave de los fertilizantes nitrogenados, básicos para la agricultura de hoy, tendente a maximizar el rendimiento de los cultivos.

De ahí que Naciones Unidas haya alertado sobre el riesgo de que 45 millones de personas adicionales, en Asia y África, puedan verse afectadas por una inseguridad alimentaria aguda como consecuencia de la guerra contra Irán. Actualmente hay 318 millones de personas en todo el mundo que padecen inseguridad alimentaria.

Siempre que se ha vaticinado una crisis mundial de alimentos las previsiones acabaron fallando. Malthus predijo una crisis alimentaria global debido a que la población crece más que los recursos alimentarios, pero la realidad es que eso no se ha cumplido. La población mundial aumenta y hay comida de sobra. El problema que tenemos ahora viene dado por la fuente. Una llamativa portada de la revista The Economist presagió una crisis alimentaria global con millones de muertos, ilustrado por numerosas calaveras como granos de trigo dentro una espiga.

La crisis alimentaria sería ahora una consecuencia de la actual guerra en Irán, estando centrado el eje del problema en los derivados de la producción de fertilizantes. Si en el pasado han sido fundamentales para abastecer a la población, su escasez de ahora iría en sentido contrario: menos toneladas de trigo, maíz o arroz. Alrededor del 70 por ciento de los alimentos consumidos en las dictaduras del Golfo pasan inevitablemente por el Estrecho de Ormuz.

Todos los fertilizantes a base de nitrógeno, los más usados a nivel mundial, utilizan además gas natural, y el encarecimiento de la energía por la guerra ha disparado el precio de los abonos. Rusia, el primer productor mundial de fertilizantes, no puede exportar por las sanciones. Ucrania tampoco, por el bloqueo ruso. Y ahora a ello se une el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde pasa un tercio del fertilizante mundial que abastece a la industria agropecuaria, lo que sin duda va a tener un impacto alimentario.

Se estima que los precios de los principales fertilizantes podrían aumentar hasta un 70 por ciento este año, e incluso más si la energía sigue subiendo por encima siempre de los 100 dólares el barril. Esta escasez se notará sobre todo en los países emergentes de Medio Oriente y África. El Programa Mundial de Alimentos considera que más de 323 millones de personas padecerán hambre en 2026.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *