El chocolate del loro

El de Torrente tiene la suerte de que la mayor parte de los casos no-mascarillas pasarán a la Audiencia, donde los tiempos son mucho más prolongados
En los tiempos en los que José Luis Ábalos hablaba con frecuencia por la radio, al comienzo del caso que hoy lleva su nombre, le dijo en Onda Cero a Carlos Alsina que “lo de las mascarillas”, o sea, lo que ahora se está juzgando en el Supremo, era “el chocolate del loro”, minimizando el impacto económico de una investigación judicial que alcanzaría la cifra de varios cientos de miles de euros, frente al resto de asuntos que también se investigan con relación al exministro y cuyo volumen no alcanzamos a cuantificar.

Claro, están ahí los números mega millonarios de los hidrocarburos y las presuntas adjudicaciones de obra citadas por Aldama y hoy en fase procedimental, sin olvidar temas aún en el limbo judicial, como la visita de Delcy con sus decenas de maletas o los rescates de la Sepi, algunos de los cuales le pueden afectar colateralmente, si bien la mayoría son responsabilidad de Hacienda.

Claudia Montes llega al Supremo para declarar
Claudia Montes llega al Supremo para declarar

El de Torrente, y su escudero Koldo, tiene la suerte de que la mayor parte de los casos no-mascarillas no los va a ver el Supremo, pues tras su renuncia al acta de diputado todos los demás procedimientos pasarán a la Audiencia Nacional, donde los tiempos son mucho más prolongados. Ahí tenemos el caso Kitchen o el de la familia Pujol.

Para cuando llega al juicio oral, la vida de los procesados ha podido cambiar de arriba abajo. Previsiblemente, Ábalos va a ser ahora condenado por el TS a una pena no menor, aunque él haya hecho ya sus cálculos, de manera que el favor que le hizo a Sánchez entregándole el escaño, se lo devuelvan por la vía de resoluciones carcelarias positivas (permisos, segundos y terceros grados, etcétera), que dependerán de instituciones penitenciarias, o sea, de Grande-Marlaska. Beneficios que no se pueden alcanzar en régimen de prisión preventiva, pero sí tras ser condenado. O bien que el Gobierno le indulte tras la sentencia, inventándose Sánchez cualquier peregrina justificación.

También cabe que, elevado al Tribunal Constitucional un recurso por vulneración de derechos fundamentales durante la instrucción, o de su derecho a la tutela judicial efectiva, pudieran beneficiarle arguyendo Pumpido y sus vocales algún tipo de quebranto de las garantías constitucionales. Hoy nos escandaliza mucho lo de las mascarillas fake sobre-pagadas, los excesos del ex número dos del PSOE en materia prostibular o el uso abusivo del dinero público contratando en empresas del Estado a personas que no iban a trabajar. Es tan escandaloso todo, que cualquier medida de gracia a futuro parece impensable, aunque la vida da muchas vueltas. Si el impacto del primer caso, “el del chocolate del loro”, se pudiera aminorar, los restantes procedimientos, ya dentro de diez o quince años de instrucciones, dilaciones, recursos y apelaciones, con Abalos cerca de los 80, tendrían una repercusión menor, siquiera fuese por motivos de edad.

Estamos en el inicio de la vista “mascarillas”, que en realidad es el “caso Ábalos”.

El de Torrente ha cambiado de estrategia. Ahora su abogado se empeña en demostrar que Jesica no era su novia, sino una prostituta pagada por el empresario Aldama para intentar obtener favores del máximo responsable de Transporte. No parece que vaya a tener mucho recorrido este planteamiento, pues sólo se corrompe quien quiere hacerlo, y a estas alturas caben pocas dudas sobre el comportamiento del exministro y su ayudante, resultando inverosímil que se puedan librar de la condena.

Reflexión aparte merece el comportamiento de tantos funcionarios que, conociendo las irregularidades cometidas, no hicieron nada cuando tenían la obligación de impedirlo o denunciarlo. Igual que Pedro Sánchez, especializado en mirar para otro lado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *