El objetivo es China

El contrabloqueo de Ormuz perjudica sobre todo al régimen comunista

En el fondo de la operación militar de Trump contra Irán, como antes contra Maduro, no hay otra cosa que el intento consciente de aislar a China, el mayor cliente del petróleo tanto persa como venezolano, y principal socio geoestratégico de ambos. El contrabloqueo de Ormuz, o bloqueo del bloqueo, por parte de la Armada norteamericana, perjudica más que a nadie al régimen comunista. Mientras que el cerco naval fue solo iraní, Pekín no tuvo problema alguno en lograr que sus barcos entraran y salieran por el Estrecho cargados de petróleo.

XX Congreso Nacional del PCCh en Pekín
XX Congreso Nacional del PCCh en Pekín

El secretario del Tesoro USA, Scott Bessent, se ha manifestado muy molesto a este respecto, por entender que Beijing ha estado acaparando petróleo a cuenta de la crisis de Ormuz. Bessent dice que el régimen chino ha sido poco fiable en tres ocasiones: durante la pandemia de la COVID, acumulando productos sanitarios; con las tierras raras, al amenazar con restringir las exportaciones de galio, germanio y antimonio; y ahora con el petróleo, dado que pese a contar con una reserva estratégica de tamaño similar a la totalidad de las reservas de la Agencia Internacional de Energía (AIE), compuesta por 32 miembros, siguió comprando crudo a Irán -según Bessent-, evitando así que se pudiera beneficiar a otros países necesitados. De manera que con el «contrabloqueo», Trump mata dos pájaros de un tiro: corta el principal ingreso de los mulás, y manda el mensaje a Xi de que no va a poder seguir acaparando petróleo, por lo que debería convencer a los ayatolás para que acepten las condiciones de Washington.

Claro que Pekín ya ha respondido con un mensaje a través de Global Times, órgano del Comité Central del PCCH, advirtiendo que está evaluando restringir a Estados Unidos la venta de tecnología avanzada, plata y metales de tierras raras necesarios para producir células fotovoltaicas, coches eléctricos y la infraestructura 5G. Las restricciones chinas tendrían repercusiones globales no solo en USA sino en Europa y en el resto del mundo.

China es el mayor cliente del petróleo iraní, y Teherán un socio fundamental de China en todos los ámbitos, pero de manera muy primordial en la Ruta de la Seda y en el abastecimiento de material militar. El Pentágono tiene razones para creer que la Guardia Revolucionaria habría obtenido acceso a un satélite militar chino que estuvo monitorizando objetivos estadounidenses antes y después de diversos ataques a las bases americanas en el Golfo. De hecho, han circulado por internet imágenes satelitales de instalaciones y barcos americanos en la región, atribuidas a la empresa china MizarVision, pues Irán carece de esa tecnología.

El objetivo declarado de Trump es romper el predominio del gigante amarillo en diferentes ámbitos económicos, pero para lograrlo necesita aislarle geopolíticamente. La caída de Maduro hace que Pekín pierda su principal socio en Hispanoamérica, y con la sustitución de los ayatolás (si lo consigue), elimina a su aliado más estable en Oriente Medio. Le queda Rusia, a quien Trump intenta atraerse con gestos de mano tendida a Putin, para lograr que éste deje de depender total y prioritariamente de Pekín.

El problema es que, con el contrabloqueo de Ormuz, el presidente norteamericano está extendiendo indirectamente el conflicto no solo a China sino también al otro gran perjudicado, que es Pakistán. Dos potencias nucleares, nada menos.

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