Polarización y violencia

Lo peor es que hay quienes justifican el intento de asesinar a Trump

Lo peor del nuevo intento de asesinato de Donald Trump es que hay muchos que lo justifican. No sólo en USA, sino en el resto del mundo. En Estados Unidos, un estudio publicado por el Network Contagion Research Institute (NCRI), de abril de 2025, decía que el 38 por ciento de los norteamericanos considera «algo justificado» asesinar a Trump.

Donald Trump
Donald Trump

El argumento empleado ahora es que si el presidente de EE. UU. utiliza la violencia contra sus enemigos políticos (Maduro, Jamenei, Soleimani, etcétera), es comprensible que otros la usen también contra él, bajo la expresión bíblica (Mateo 26:52) de que «todos los que tomen la espada, a espada perecerán», o en román paladino: «el que a hierro mata, a hierro muere». Un no argumento, en realidad, que nos aleja del discurso contrario a cualquier tipo de violencia, venga de donde venga, aireado estos días por el Papa, como no puede ser de otra manera.

Hemos entrado en una peligrosísima dinámica de polarización política que engendra odio y justifica la violencia contra el que tiene ideas diferentes a las nuestras. Algo que está convirtiendo al mundo en un tablero de conflictos armados, pudiendo ser en cualquier momento mucho peor. Las alusiones a lo bélico son ya habituales entre nuestros dirigentes europeos. En Estados Unidos, el ministro de Defensa se autoproclama «secretario de Guerra», algo que tampoco desentona demasiado con el país.

Es la norteamericana una sociedad obsesionada con las pistolas y las guerras, fanatizada por la venganza y el belicismo, empeñada en solventar sus problemas a tiro limpio. Los americanos acumulan armas para defenderse de la violencia, pero con esas armas generan más violencia. Abunda la violencia gratuita en la TV, en las redes sociales y en la calle. Las películas más consumidas son generalmente las más sangrientas. Es frecuente ver a chavales vestidos de paramilitares.

Hasta ha habido Bancos que regalaban fusiles por abrir una cuenta corriente. 250 millones de armas en los hogares. Coger un pistolón e irse a disparar a un colegio o un centro comercial se ha convertido en habitual. Como los casos de lobos solitarios que intentan asesinar a dirigentes políticos, se llamen Abraham Lincoln, Martin Luther King, John F. Kennedy, Robert Kennedy o Charlie Kirk. A estos los mataron, aunque también intentaron asesinar a Jackson, Roosevelt, Truman, Reagan y Bush. Ahora a Trump, por tres veces consecutivas.

Luego tampoco tiene mucho que ver el tipo de discurso para que alguien intente disparar contra el presidente USA. En nada se parece el mensaje del actual ocupante de la Casa Blanca con el de JFK, pero a uno lo mataron y a otro lo quieren acribillar. Y lo peor es que hay quien lo justifica, sin caer en la cuenta de que ahí empieza el problema. En querer eliminar al oponente porque piensa diferente a nosotros. No en desalojarlo del cargo a través de las urnas, que es lo que procede, sino a tiro limpio, como en el salvaje Oeste.

La actual dinámica de polarización prebélica no puede llevarnos a nada bueno. Empezamos a normalizar que se hable o justifiquen los actos terroristas, las acciones armadas o las guerras, pensando en que con ellas vamos a resolver los problemas, cuando lo único que hacemos es agravarlos. Siempre ha sido así. Nunca aprenderemos.

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